La larga historia de la versión americana de
Godzilla se
remonta a 1983. Por aquellos tiempos, el cine de ciencia-ficción había renacido
con fuerza en los Estados Unidos gracias a
La guerra de las
galaxias, así que todas las productoras estaban locas por
hacer films de fantasía para poder explotar el filón lo antes posible.

La
idea de realizar un
Godzilla americano fue del director
Steve Miner, que
quería realizar una especie de remake de
Japón bajo el terror del monstruo,
pero haciendo que el monstruo fuera muy agresivo y transformando un ridículo
hombre disfrazado en una espectacular criatura creada a través del método
stop motion (fotograma a fotograma). Encargó un guión a
Fred Dekker, que
lo tituló
Godzilla, king of the monsters. La historia no era demasiado original,
y se centraba particularmente en un grupo de personas que intentaban sobrevivir
a un ataque de
Godzilla a la ciudad de San Francisco. Las razones del ataque
del monstruo eran puramente paternales: el animal buscaba a sus crías. ¿No
os suena de nada? Pues sí, realmente parece una mezcla de la nunca producida
The volcano monsters y la famosa producción británica
Gorgo. En un principio,
Miner tenía en mente realizar la película en 3-D, pero las dificultades
de realizar semejante hazaña con figuras de poco más de 50 centímetros movidas
fotograma a fotograma le llevaron a abandonar esa idea. Tras llevar el guión
a grandes empresas (como la
Warner Bros), el director vio cómo su visión
era descartada por problemas presupuestarios. En declaraciones al libro
When dinosaurs ruled the screen, el propio
Steve Miner explica "Yo no era
un director que supiera demasiado de presupuestos, y eso limitó las posiblidades
de la película. El presupuesto estimado para realizar un film bien hecho
era de 25 ó 30 millones de dólares, lo que fue considerado demasiado caro.
Además, la gente de marketing estaban convencidos de que no importaba cómo
hicieramos la película,
Godzilla siempre sería un film para niños y tendría
una audiencia limitada." Por si eso fuera poco, 1983 fue una época en la
que muchos estudios habían estrenado películas de altísimo presupuesto,
lo que hizo que nadie quisiera arriesgarse en otra super-producción. Y así
terminó el proyecto de
Steve Miner, del que sólo existió un guión, algunas
buenas ideas y muchos story-boards (los podéis ver en libro
When dinosaurs
ruled the screen).

Y no se volvió a saber nada más sobre la versión americana
de
Godzilla hasta mediados de los años 90, cuando la productora estadounidense
Tri-Star compró los derechos del monstruo a la
Toho. Tras diversos cambios
de director y una multitud de guiones distintos (uno de ellos idéntico al
de
Gamera, el guardián del universo), en 1996 los dos chapuceros directores
de la basura llamada
Independence day accedieron a llevar a cabo el sueño
de
Miner.
Ronald Emmerich y
Dean Devlin son los dos individuos a los que
me refiero.
Emmerich es un monigote sin capacidad de decisión que sigue
como un perrito faldero al micro-cerebro
Dean Devlin, una especie de infra-guionista
que no sabría escribir ni un cuento para niños de seis meses. Por supuesto,
la notícia conmocionó a los fans, ¿cómo era posible que
Toho hubiese accedido
a dejar a su monstruo estrella en manos de esos dos animales de bellota?
La razón había sido monetaria, por supuesto: el inmenso éxito de
Independence
day en Japón había cegado por completo a los directivos de la compañía,
que dejaron hacer cualquier cosa a los americanos con tal de sacarse una
molla. Y así, en Abril de 1997 comenzó la post-producción del temido
Godzilla del tándem
Devlin/Emmerich, una de las películas más previsibles y uno de
los desastres más anunciados de la historia del cine. Sólo hace falta leer
cualquier número de la revista estadounidense
G-Fan para convencerse: los
fans dejaban por los suelos a una película ¡que ni siquiera había entrado
en fase de pre-producción! Y, por supuesto, todas las "expectativas" se
cumplieron. La multitudinaria campaña publicitaria no hizo más que empeorar
las cosas, ya que
Tri-Star invirtió 7.000 millones de pesetas tan sólo en
publicidad, aumentando si cabe las expectativas de la gente que no sabía
nada sobre su director y su guionista. Durante todo el año 1998 America
se llenó de carteles publicitarios por todos lados, los trailers inundaban
cualquier proyección cinematográfica y las revistas de cine no hablaban
de otra cosa. Sin duda,
Godzilla resultó ser una de las películas sobre
las que más secretismo se ha guardado:
Devlin y
Emmerich estaban obsesionados
con mantener en secreto el aspecto del nuevo monstruo, realizado por ordenador
y que sólo mantiene dos características del original: las placas óseas de
su espalda y la parte final de su estentóreo rugido. Claro, los periodistas
se pirraban por conseguir alguna fotografía, y todo eran rumores y noticias
sin confirmar (incluso se llegó a decir que el animal caminaría a cuatro
patas). Al final
Emmerich y
Devlin se salieron con la suya: la gente no
pudo ver cómo sería el nuevo
Godzilla hasta el momento de entrar en la sala
a ver la película. Y así, con todo este embrollo y con los fans temiéndose
lo peor, el 20 de Mayo de 1998 se estrenó la esperadísima
Godzilla en versión
anglosajona. ¿El resultado? Un relativo fracaso de taquilla y críticas que
dejaban el film a la altura de una mierda envuelta en papel de periódico.
En su primera semana en cartel,
Godzilla recaudó tan sólo 8.250 millones
de pesetas, que no es demasiado si se compara con el dinero invertido en
publicidad. Esto hacía prever que Tri-Star intentaría recuperar los ingresos
perdidos a través de los estrenos en el resto del mundo, y efectivamente
así fue. Cada país donde se ha estrenado se ha visto invadido por todo tipo
de anuncios y carteles, y España no ha sido una excepción. Durante todo
el mes de Agosto hemos estado expuestos a un auténtico bombardeo publicitario
en todos los medios, una campaña casi comparable a la que se hizo en Estados
Unidos. Y al menos, si esto no impulsa el éxito del film (que lo hará),
sí que ha generado un interés renovado por las películas del
Gran G que
hacía años que no se veía por estos lares (la colección
kaiju eiga de
Filmax,
los cómics de
Norma y los estrenos en vídeo de algunos títulos de la serie
de
Heisei de
Manga Vídeo lo demuestran; son tiempos excitantes para los
fans de
Godzilla y compañía). Y de este modo, tras varios incomprensibles
cambios en la fecha de estreno, el film se ha estrenado hoy, día 28 de Agosto
de 1998. Ayer pude visionarla en un preestreno de los
Glòries multicines de Barcelona, y la experiencia resultó...espeluznante. Tras unos títulos
de crédito verdaderamente espléndidos y unos primeros momentos realizados
de una manera muy correcta, el film va decayendo espectacularmente hasta
tocar fondo en unos últimos 40 minutos totalmente insoportables. Y es que
tras ver los primeros 45 minutos pensé "
pues no es tan mala como parecía",
opinión que cambió radicalmente pasada la primera mitad del film. Personajes
de cliché (la mente débil del espantajo
Devlin no da para más, el pobre
nació así), sucesiones de escenas copiadas de otros films, un guión que
no puede ni siquiera calificarse de ese modo y una multitud de características
nefastas terminan por hundir a dos horas de aburrimiento que culminan en
un final rápido y lleno de incongruencias, precedido por 20 minutos absolutamente
insoportables que parecen sacados de
Jurassic Park. Ni siquiera el carisma
de
Matthew Broderick (protagonista de la obra maestra
Juegos de guerra)
o la aparición del (supuestamente) buen actor
Jean Reno logran salvar a
este bodrio. Definitivamente, cualquier
Godzilla anterior fue mejor...